El Surrealismo más vivo que nunca:
Vale la pena recordar al arte porque está en todas partes en nuestra vida cotidiana y siempre nos acompañará, aunque no nos demos cuenta. El arte es amplio, es diverso, es multifacético, hecho por el ser humano con intención de comunicar, sanar, rebelarse para algo bueno en la sociedad, denunciar, concientizar; en fin, es muy extenso el poder de llegada del arte al mundo entero.
Es por eso que vale la pena recordar que un veintitrés de enero de mil novecientos ochenta y nueve dejaba este plano tridimensional el escribano y artista plástico Salvador Dalí, donde ya desde niño manifestó inclinación por el mundo de las artes, lo cual demostró que detrás del mundo jurídico del orden, las leyes, deberes y obligaciones de todo tipo, aun así puede coexistir un gran artista plástico.
Fue exponente del surrealismo europeo con implementación del método paranoico crítico, con técnica del universo onírico simbólico (simbolizar sueños como mundos); pasó también por el impresionismo (pintar con manchas), por el cubismo (geometrías), como también por el hiperrealismo (imitar pintar al nivel de una foto verdadera); entre otros estilos se destacó Dalí. Además, fue editor de la revista Studium, sobresaliendo en dibujo. Gran amigo de Federico García Lorca (se conocieron estudiando Bellas Artes) y amigo de Luis Buñuel (cineasta surrealista). Se relacionó con Picasso, Miró, Breton.
Tenía el apodo de Avida Dollars por la inventiva de crear arte, de él mismo personificarse con sus cuadros y representaciones actorales para poder hacer dinero y vivir dándose una vida fastuosa. Su gran musa inspiradora fue Gala, su pareja enamorada, que se convirtió en su modelo vivo de muchas de sus grandes y cotizadas obras, como ser: La última cena, donde Dalí coloca a Gala en el lugar de Jesucristo y los apóstoles la reverencian. Otra famosa obra pictórica es La persistencia de la memoria (del año 1931), donde relojes blandos simulan colgar de un árbol o derretirse lentamente del borde de un pedestal y sobre una forma tendida en la playa.
El método daliniano paranoico crítico significó interpretar, asociando a nivel crítico lo delirante (se decía que Dalí sufría de un trastorno neurológico que era reconocido por el tipo de trazo) y convirtiendo en emblema del surrealismo los temores de los humanos como los deseos, desahogando obsesiones como angustias de todo tipo.
El arte de este notario buscó interpretar a Sigmund Freud (padre del psicoanálisis) como a escritores vieneses. Para Salvador, el surrealismo era una manera de apartarse de las calamidades mundanas por medio del mundo de los sueños recreados por su mente.
Como todo excéntrico, fue incomprendido y alguna vez tuvo que pagar multa tras ser juzgado en New York por un acting (actuación en vivo) donde hubo rotura en público; a pesar de esto, la crítica lo aplaudió por su creatividad y por ser defensor de la propiedad intelectual, o sea, defender lo creativo como personaje en sí mismo y el proceso creativo como autor de su obra.
Fue transgresor, intelectual, puso en cuestionamiento lo religioso, el erotismo, el retrato, el paisaje, el amor de pareja, el sentimentalismo; fue hombre común, personaje, artista; él era su marca registrada, fue él mismo su producto de marketing y se dejó cotizar como un hombre de negocios que era.
Fue único e irrepetible, pero dejó un claro mensaje con su imaginario mental: que para quien se lo proponga, los sueños se hacen realidad.
Autoría de esta nota: Monica Russo, periodista.
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