El Ministerio de Economía, liderado por Luis Caputo, cerró la última licitación de febrero con un resultado de lecturas mixtas. Mientras el debut del nuevo bono en dólares (BOPREAL o similar bajo ley local) superó las expectativas con una tasa del 5,89%, el Tesoro no logró renovar la totalidad de sus vencimientos en pesos, lo que generó una inyección de liquidez de $480.000 millones en la plaza financiera.
La gran sorpresa de la jornada fue la colocación de u$s150 millones destinados a cubrir los abultados vencimientos de julio. La demanda fue masiva: el mercado ofreció casi seis veces más de lo solicitado.
Este resultado permite al Gobierno:
- Bajar el costo financiero: La tasa de 5,89% es significativamente menor al 7,4% pagado en enero y al 9% que exigiría hoy el mercado internacional.
- Fondearse localmente: Aprovecha el récord de depósitos en dólares (u$s38.000 millones) impulsado por el blanqueo y la estabilidad cambiaria.
- Renta mensual: El atractivo del bono radica en el pago mensual de intereses, compitiendo directamente con el sector inmobiliario.
Menos «aspiradora» y más pesos en la calle
En contrapartida, la licitación en moneda local mostró un rollover del 93,32%. De los $7,2 billones que vencían, el Tesoro adjudicó $6,74 billones. Esta decisión de no cubrir el 100% de los compromisos implica que una porción se pagó con emisión o ahorros previos, rompiendo la racha de absorción monetaria total.
Desde el Palacio de Hacienda relativizaron el dato, señalando que se prefirió priorizar la baja de tasas antes que convalidar rendimientos elevados. Sin embargo, analistas advierten que esta «suelta de pesos» busca aliviar la falta de liquidez de los bancos y presionar a la baja el costo del dinero en un contexto de recesión.
Pese al optimismo oficial por la baja de tasas, el 57% de la demanda se concentró en instrumentos ajustables por CER (Lecer) con vencimiento a mayo. Esto indica que, si bien no hay expectativas de devaluación inmediata, los inversores prefieren mantener liquidez y cobertura inflacionaria de corto aliento.
Con este escenario, el Gobierno logra mostrar tasas en descenso pero enfrenta el desafío de mantener el equilibrio nominal sin que el excedente de pesos presione sobre la brecha cambiaria o la inflación en los meses venideros.




