El trabajo periodístico consiste en acercar a las comunidades aquello que vemos, explicar cómo lo vemos y abrir el debate sobre los temas que atraviesan a la sociedad. Cada detalle cuenta: que una persona pública participe de un evento, pero no aparezca mencionada en los documentos oficiales, también puede ser noticia.
Esta concepción puede relacionarse con el pensamiento del filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, quien estudió la formación de la opinión pública y definió la “esfera pública” como un espacio de intercambio y debate sobre los asuntos de interés común. Desde esta perspectiva, el periodismo cumple una función esencial: acercar información a la ciudadanía, promover la participación y permitir que distintas voces intervengan en la conversación democrática. Esta idea fue desarrollada especialmente en su obra: (Historia y crítica de la opinión pública)
Cuando ocurre un desastre natural o una tragedia de origen humano o socioeconómico, como un incendio provocado, los periodistas acudimos al lugar para conocer qué sucedió, informar y descubrir de qué manera podemos colaborar. El periodismo no solamente relata los acontecimientos: también acompaña, visibiliza necesidades y conecta a quienes requieren ayuda con quienes pueden brindarla.
Muchos elegimos ejercer esta profesión de manera independiente. Para sostener nuestro trabajo y vivir dignamente, debemos generar nuestros propios recursos. Cuando un dirigente político, social, partidario o religioso contrata nuestros servicios de comunicación e información, sabe de antemano que se trata de una labor profesional y remunerada.
Por eso, resulta injusto y malintencionado calificar como “ensobrado” a un periodista por cobrar por su trabajo. El periodista cobra para investigar, comunicar y difundir; nunca para guardar silencio, ocultar información o encubrir situaciones. Pagar para silenciar, manipular o enmascarar hechos no es periodismo: es una práctica contraria a la ética y, en determinadas circunstancias, puede constituir un delito.
También existen personas que, incluso sin recibir dinero, se prestan a perjudicar a otras mediante acusaciones falsas, denuncias presentadas donde no corresponde o debates construidos sobre información engañosa. Muchas veces, estas maniobras buscan desviar la atención y ocultar asuntos verdaderamente importantes.
La mayoría de los medios locales, zonales y regionales coincidimos en una responsabilidad fundamental: difundir búsquedas de personas, informar sobre desastres naturales o provocados por el ser humano, acompañar acciones solidarias y visibilizar tanto el crecimiento como el deterioro de nuestras industrias nacionales.
A lo largo de mi trayectoria periodística, logré abrir espacios que durante mucho tiempo permanecieron cerrados. Ayudé, acompañé y colaboré en situaciones que afectan a una parte importante de la población, especialmente a personas que necesitan ser escuchadas, recibir orientación y hacer valer sus derechos.
Por ese motivo, comenzaré a compartir algunos de aquellos casos en los que el periodista no se limita a observar, escribir o informar desde afuera, sino que se pone en acción y se convierte en parte activa de la comunidad local y regional. Serán historias que reflejan el verdadero alcance del periodismo cuando se ejerce con compromiso, responsabilidad y sensibilidad social.
Cada una de estas experiencias demuestra que el periodismo también puede abrir puertas, tender puentes, acercar soluciones y movilizar voluntades. Ser periodista significa asumir el compromiso de llevar la voz de la comunidad y convertirse, muchas veces, en la voz de quienes fueron silenciados, incluso por aquellos que intentan desacreditarnos llamándonos “ensobrados”.
Porque cuando los medios, las instituciones y los vecinos trabajan por un objetivo común, queda demostrado que la unión genera fortaleza.
Vivinila Gómez
Titular de ArgentinaPolitica.com.ar





